Art History

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La historia del esclavo retratado por el pintor de reyes

Se fabula en esta novela l. a. historia del morisco Juan Abonabó Pareja, Juan de Pareja para los cristianos, quien nació ya esclavo porque su padre prefirió perder l. a. libertad a afrontar los riesgos y peligros de l. a. expulsión a principios del siglo XVII.

El amo de su padre solía acogerlo en su palacio porque le agradaba su compañía, y allí trataba de darle instrucción leyéndole libros religiosos y, sobre todo, introduciéndolo en los angeles que period su gran pasión, los angeles pintura que llenaba los corredores y galerías de su residencia.

Siendo Juan ya adolescente, su amo decidió cederle el chico al joven pintor sevillano Diego de Silva y Velázquez, que marchaba a Madrid para hacer carrera en los angeles Corte.

Primero esclavo de casa y después en el taller, Juan pasó prácticamente el resto de su vida al servicio de l. a. familia Velázquez. Incluso acompañó al maestro en su segundo viaje a Italia, donde fue retratado por él.

Sin embargo, cuando su amo don Diego le ordenó que posara para su pincel, Juan fue presa de un gran desasosiego: ¿por qué iba a retratar a un esclavo quien period pintor de los angeles monarquía más poderosa de los angeles tierra? Una razón desvelada finalmente como metáfora del destino de Juan: ser alguien para siempre.

Reseña:
«Se lee con gran deleite, y es además un libro muy instructivo. l. a. evocación de los angeles vida cotidiana en el palacio y fuera de él consigue resucitar brillantemente el espíritu de l. a. época».
Jonathan Brown

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Robert Hughes, who has surprised us with entire works on matters as sweeping and complicated because the heritage of Australia (The deadly Shore), the trendy paintings circulate (The surprise of the New), the character of yankee artwork (American Visions), and the character of the United States itself as visible via its paintings (The tradition of Complaint), now turns his well known serious eye to 1 of paintings history’s so much compelling, enigmatic, and demanding figures, Francisco José de Goya y Lucientes.

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Y hasta estoy aprendiendo a pintar, añade para suavizar lo que para su padre es, sin duda, reabrir l. a. antigua llaga. En su paseo por Antequera, Velázquez se da cuenta de que l. a. villa no es tan modesta como decía su anfitrión. Hermosos conventos, como el de San Agustín o el de San Zoilo, el más antiguo, y numerosas iglesias en las que entra para curiosear los angeles pintura que hay en ellas. Mediocre por no decir otra cosa peor le parece en cambio los angeles colección de pintura de don Jerónimo, aunque los angeles encomia en muy expresivos términos ante l. a. satisfacción de su propietario. Más interesante, mucho más, es l. a. biblioteca, en los angeles que husmea durante media tarde, y en los angeles que no faltan tratados de arte y de pintura. Don Jerónimo lo ve hojeando muy despacio un volumen, Del modo tenuto nel trasportare l’obelisco Vaticano, de Domenico Fontana. Supone que no lo tiene, y supone bien, y se complace en regalárselo. los angeles tarde anterior a l. a. partida hacia Málaga, Juan sube al palacio a presentar sus respetos a don Jerónimo y agradecerle las atenciones que tiene con su padre Hacem, y su colaboración con las cartas. Siempre que llegaba una de su hijo, tenía que mandar a bajársela a un criado que supiera leer, y no sobraban. Tras pedirle permiso a don Jerónimo, recorre los angeles galería llena de cuadros. Allí están todos, aunque en realidad solo recuerda los que eran sus favoritos. Allí está el Marsias desollado, que tanto lo intrigaba y zozobraba. Y entra en l. a. capilla, y en los angeles biblioteca, donde recupera aquel olor a piel nueva y vieja, a polvo, y a los polvos amarillos que combaten a los peces de plata. Al despedirse, y tras nuevas expresiones de agradecimiento a don Jerónimo, le pregunta a don Diego si es posible que a l. a. mañana siguiente lo recojan a él en el campo, me gustaría que conociese a mi padre, y el lugar en que nací. Y así será. —Padre, este caballero es don Diego, mi amo, del que tanto os he hablado. Hacem le hace una reverencia, toma los angeles mano que le ofrece el pintor, y sonríe. Pese a los esfuerzos de Juan, l. a. breve conversación es más bien una sucesión de silencios. —Se lo agradezco mucho, don Diego —le cube Juan nada más montar en el carruaje. sixty six El llanto Roma, eight de marzo de 1650 Para mi sorpresa, al llegar hoy al taller, él delante con su llave como siempre, don Diego ha abierto los angeles puerta, se ha echado a un lado y me ha hecho pasar a mí primero. El caballete estaba en el centro de l. a. habitación, con el lienzo hacia nosotros. Extrañamente, me han bastado unos segundos para verlo entero, l. a. postura, el fondo, el aire, y también para verlo en todos sus detalles, mi boca, el colour de mi tez, mis ojos, los angeles valona de Flandes, como si ya lo conociera o hubiera asistido a su creación, paso a paso. Y me he echado a llorar, a llorar de verdad, no es que se me humedecieran los ojos ni se me escapara un sollozo, sino a llorar con un llanto franco y sonoro como el del que inesperadamente recibe una bad noticia y nada hay que lo consuele. Don Diego me ha puesto l. a. mano en el hombro. —¿Puedo quedarme aquí un rato solo, mi señor?

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